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Vuelve la derecha a Chile

Fue un año de sorpresas para la política chilena y las sorpresas se encargaron de elegir a Sebastián Piñera como el nuevo presidente de la República para el período 2018-2022.

La primera vuelta comprobó que el panorama era distinto, que las grandes verdades de la política del país estaban tambaleando. Piñera es resultado de la pugna entre una izquierda y una derecha radicales, y la derecha terminó ganando. Las cosas cambiaron de un lado y del otro. Sin que nadie lo esperara, una periodista de izquierda logró arañar un tercer lugar, con un 20 % de los votos en la primera vuelta, sólo dos por debajo del segundo puesto. Beatriz Sánchez demostró que buena parte de los chilenos ya no quiere puntos medios y que ser abiertamente izquierdista tiene fanaticada, a pesar de que Chile es considerado como el país más conservador del continente.

Pero Sánchez no fue la única en dar sorpresas. Del otro lado del espectro, José Antonio Kast, un hombre que simpatiza con la extrema derecha, obtuvo el 8 % de la votación, porcentaje nada despreciable que se convirtió en el impulso definitivo que necesitaba Piñera para ganar.

Kast hizo campaña con discursos que buscaban rescatar los aspectos positivos de la dictadura de Augusto Pinochet, quien gobernó entre 1973 y 1990, dejando a una sociedad abatida por sus violaciones a los derechos humanos. Parecía descabellado, muy al estilo de la campaña de Donald Trump en Estados Unidos, que decir frases discriminatorias contra minorías sexuales o raciales pudiera tener cualquier tipo de acogida.

La figuración de Kast sorprendió porque desde que regresó la democracia a Chile, la población en masa rechazó de tajo a la extrema derecha. En las encuestas y en sus opiniones públicas en redes sociales lo siguen haciendo, es un pasado del que, aparentemente, siempre se han querido desprender. Pero, en secreto, como quedó demostrado en las votaciones, muchos votaron por Kast. A muchos, entonces, les trae buenos recuerdos la dictadura.

Piñera había llegado a la primera vuelta con la confianza de las encuestas que lo daban como el absoluto ganador. Pero a la hora de la verdad, aunque se quedó con el primer lugar, obtuvo sólo un 36 % de los votos, muy por debajo de lo esperado. Fue ahí cuando se vio obligado a aliarse con Kast.

La campaña

Con un título en Harvard y su trayectoria como empresario e inversor, Piñera lanzó su candidatura. Ya había sido presidente en 2010 y al final de su período, en 2014, dejó el cargo con índices muy bajos de aprobación.

Paradójicamente, fue Michelle Bachelet, la actual presidenta del Partido Socialista, quien le ayudó a recuperar poder electoral. A Bachelet no le fue bien en un asunto que para los chilenos es fundamental: la economía. Piñera lo supo aprovechar.

Bachelet, en su intento de darles gusto a las clases menos favorecidas y a los empresarios al mismo tiempo, terminó sin el pan y sin el queso. Su labor ha sido celebrada internacionalmente, por sus triunfos para los derechos de las mujeres y la comunidad LGBTI, pero internamente, el 66 % de la población la rechaza.

Por eso Piñera, quien según Forbes tiene una fortuna de US$2.700 millones, tomó fuerza prometiendo bajarles impuestos a los empresarios y promover el libre comercio.

Del otro lado, Alejandro Guillier se presentó como un candidato independiente, aunque llegó con el apoyo del oficialismo. Es periodista, igual que Sánchez, y es reconocido en el país por su trabajo como presentador de televisión. En campaña habló de sostener la reforma educativa de Bachelet hasta ponerla en marcha y ver resultados concretos. “Les meteremos la mano en el bolsillo a quienes concentran el ingreso, para que ayuden a hacer patria alguna vez”, dijo Guillier en un discurso de campaña en donde se mostró mucho más inclinado hacia la lucha por la equidad de la izquierda, lucha que antes de los resultados de la primera vuelta no había mostrado interés de forma tan evidente. Guillier logró el 22 % de los votos en la primera ronda.

El abstencionismo de la primera vuelta y la baja votación para los dos candidatos en punta volcaron la atención a los dos pequeños candidatos, que terminaron siendo grandes: Sánchez y Kast.

Sánchez aseguró que votaría por Guillier. De inmediato empezaron a rotar memes con su rostro comparándolo con Nicolás Maduro.

Kast le dio su apoyo a Piñera e invitó a su electorado a respaldarlo. El hoy presidente electo recibió la ayuda con agrado, a pesar de lo problemático que resulta para su imagen ser asociado con la dictadura. Su apoyo sirvió. Piñera es el presidente y ahora le debe un favor.

Piñera recibe un país más estable del que recibió Bachelet. Según BBC, vienen buenos tiempos para la economía de Chile, pues el cobre, principal producto de exportación, subirá de precio en 2018. Al conocer su triunfo, anunció en un discurso ante miles de seguidores que propondrá grandes acuerdos para ser “el presidente de todos”. “Recibimos este triunfo magnífico con humildad, pero también con esperanza”, dijo Piñera a sus simpatizantes, quienes gritaban “¡Chile se salvó!”.

Con el triunfo de Piñera, la izquierda pierde un presidente más en América Latina. Vuelve la derecha a Chile.

 

 

 

Fuente: elespectador.com

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