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¡Escucha tu cuerpo!

La primera vez en yoga siempre genera expectativas, nervios y hasta pena. La gente siempre hace resistencia a la experiencia porque desconoce cómo su cuerpo responderá a los ejercicios que requieren flexibilidad, fuerza y resistencia. Lo primero que debe tener en cuenta un practicante en iniciación, al igual que la persona que suma meses o años, es que en yoga lo que hace y cómo lo hace tienen la misma importancia, tanto su mente como su cuerpo, sus emociones, sus sentimientos y sus pasiones están implicados en sus acciones. No solo se es cuerpo físico, sino una unión, cuerpo-mente-espíritu.

Partiendo de allí la práctica se hace más sencilla porque le permitirá conectarse con su máximo potencial como ser humano y, en consecuencia, previene los riesgos de las lesiones.

En las clases siempre se alienta a los alumnos a encontrar su propio ritmo sin exigirse mucho porque no todos somos de goma ni tienen la misma fuerza o resistencia.

 

No hay que dejarse llevar por las fotografías que se encuentran en los salones de clases ni por el compañero contorsionista que pueda tener a su lado. Aquí la observación más importante: ¡Cuidado!, no se exceda, no sea competitivo, no se haga daño.

Cada quien tiene una estructura corporal diferente y cada asana o postura de yoga se adapta hasta donde el practicante pueda llegar, hasta donde se lo permite su cuerpo-mente-espíritu. Igualmente obtendrán los beneficios de quien pueda doblarse hacia delante y tocarse los dedos de los pies en comparación al que sólo llega con sus manos en las rodillas, por ejemplo.

La perfección en las posturas es adaptable. Además con la rutina y la consecuencia con las clases conseguirá aumentar la flexibilidad de su cuerpo y la fuerza muscular de manera asombrosa. Sea consciente de su paz y bienestar durante una sesión de yoga. No es necesario sufrir para creer que lo está haciendo bien, acá no se está en un gimnasio.

En el yoga no se le pide que sea masoquista. El dolor y las molestias forman parte de la vida pero esta certeza no implica que se deba experimentar.

Vale recordar que el fin único del yoga, definido por el maestro Maitreyananda, es la plenitud y la felicidad del ser. El foco es liberar el sufrimiento. Así que jamás castigue su cuerpo. Escuche su cuerpo.

 

 

Fuente: panorama.com.ve

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