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¿Te acuerdas de olores que ya no existen? Unos científicos quieren archivarlos

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El olor a libro viejo en una enorme biblioteca. El olor a viejo sillón de cuero gastado. O los olores del pueblo de tus padres o abuelos que te devuelven a la infancia y que, en algunos casos, ya no podrás volver a oler. Todos forman parte de la memoria, pero sólo podemos recurrir a una imagen nostálgica de nuestra mente para acordarnos de ellos.

Es precisamente el inconfundible olor a papel viejo el que ha hecho que dos científicas británicas se hayan puesto a trabajar para identificar algunos de los olores del pasado con el fin de preservarlos para la posteridad.

Todo comenzó en Knole House, un majestuoso castillo inglés del siglo XX en el que la escritora Vita Sackville-West (1892-1962) pasó su infancia y donde capturaron el olor de los libros, de los guantes, los vinilos de 33 revoluciones por minuto e incluso de la cera de los suelos de parquet. Pero para la investigación se centraron en los libros.

Para analizar los olores de los distintos libros antiguos procedieron a una extracción de los componentes volátiles de cada fuente de olor y, además, realizaron un análisis cromatográfico. Este tipo de prueba permite separar las distintas substancias presentes y establecer la proporción de cada una de ellas para determinar su nivel de influencia en el olor.

El objetivo de la investigación sobre el olor del papel, que ha sido publicada en ‘Heritage Science‘, era identificar olores con “valor cultural” para preservarlos. Para ello hicieron una encuesta entre los visitantes de una galería de Birmingham, que comentaron qué les inspiraban los olores de los distintos volúmenes (cada uno de una época). Los encuestados respondieron que les evocaban cosas tan dispares como “cafe”, “zapatos”, “olor a cerrado”, “tierra”, “humo,” “humedad” e incluso “incienso”.

¿Te acuerdas de olores que ya no existen? Unos científicos quieren archivarlos | Cecilia Bembibre y Matija Strlič

La inspiración del estudio fue, según cuenta una de las autoras, la observación de cómo los conservadores de libros antiguos suelen husmear en las páginas para comprobar su nivel de degradación y los posibles procesos de descomposición que puedan sufrir los ejemplares.

Este análisis olfativo podría ayudar a detectar estos síntomas, no perceptibles a simple vista, por ejemplo en las bibliotecas. O incluso crear archivos de olores históricos, o incluso provocar una experiencia olfativa en los visitantes de algún museo con viejos manuscritos guardados en vitrinas protectoras.

Para lo que también puede servir es para comenzar a repetir este tipo de investigaciones y experiencias con otro tipo de olores que han marcado la vida diaria de nuestras generaciones, con el objeto de que puedan ser archivados por los científicos. O llamésmoles mejor ‘bibliotecarios del olfato’.

 

 

 

 

 

Fuente: tecnoxplora.com

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