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Peregrinos celebran 100 años de la Virgen de Fátima

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La Virgen de Fátima reúne este sábado 13 de mayo a la Iglesia católica y a sus fieles en una gran fiesta, al conmemorarse los primeros 100 años de la aparición  de la Santísima Madre de Dios bajo esta advocación mariana.

Magno aniversario tiene su cita principal  en la localidad de la Cova da Iría, ciudad de Fátima, a 120 kilómetros de Lisboa, capital de Portugal, donde se encuentra  el Santuario de Nuestra Señora del Rosario de  Fátima.

Visitar este lugar santo  resulta un privilegio para cualquier peregrino. Quien escribe, ha tenido ese regalo de Dios en dos ocasiones (1999 y 2011),  y  puede dar testimonio de que allí —indudablemente—  se experimenta el cobijo  y amor de la Virgen hacia sus hijos, quienes cada noche del 13 de mayo se unifican en lo que puede describirse como un río de luces, que a su vez asemeja un jardín de flores resplandecientes, que se rinden ante la Inmaculada que llega en procesión hasta su pueblo.

Hombres, mujeres y niños, sin perturbarse ante el clima frió que sopla sobre la explanada, son transformados en luminarias que se unen, además,  en una sola oración del rosario, como lo pidió Fátima hace 100 años.
Vivir como peregrinos en la tierra, a eso están llamados  los católicos del mundo. Cumplirlo, es la misión. La vida misma forma parte de esa tarea, y así  lo reafirmó Fátima, en 1917, cuando se hizo presente ante tres pastorcitos en las praderas de Portugal, en la Europa occidental de inicio del siglo XX.

Bajo este concepto, hoy se esperan más de ocho millones de peregrinos a concentrarse  en la enorme plazoleta de Fátima, quienes, además del regocijo de participar en esta festividad, podrán obtener  indulgencia plenaria que autorizó la Iglesia  este año por esta ocasión.

El principal peregrino de este 2017 es el propio papa Francisco, quien confirmó desde noviembre del 2016 que, los días 12 y 13 de mayo, estaría presente y encabezando los actos en honor al centenario de las apariciones de la Bienaventurada Virgen María. Ayer arribó a la base aérea portuguesa de Monte Real, y desde allí, en helicóptero, a Fátima.

Es el cuarto Pontífice que visita Fátima después del beato Pablo VI en 1967, San Juan Pablo II en 1982, 1991 y 2000; y Benedicto XVI en 2010. Presidirá, en la mañana, la eucaristía, en la que también canonizará a los pastorcitos videntes, los beatos  Francisco  y Jacinta Marto, como se anunció el pasado marzo 23 de marzo.
Su intersección en la sanación del niño brasileño Lucas, de 5 años, en la ciudad de Juranda, tras entrar en  coma y con pocas posibilidades de sobrevivir después de caer de una ventana desde una altura de 6,50 metros, fue el milagro requerido para su canonización. Sus padres lo encomendaron a Nuestra Señora de Fátima y, al igual que  las religiosas del convento del Carmelo de Campo Mourao, oraron ante de las reliquias de los beatos. Sus padres rompieron este jueves el silencio para compartir su experiencia.

Serán  los santos “no mártires” más jóvenes de la historia de la Iglesia católica, con culto en todos templos del mundo, iniciando mañana en el enorme santuario de Fátima que se comenzó a construir en 1928; pero antes  se levantó como una pequeña capilla a petición de la misma Virgen, sobre el sitio especifico donde hizo las cinco apariciones, entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917.

Es que allí, la Madre de Dios se mostró sobre un árbol de encina  ante los niños Lucia de Jesús de los Santos (10 años), y su primitos Francisco Marto (9 años) y Jacinta Marto (6 años) conocidos como “los tres pastorcitos de Fátima”.

Un año antes, en 1916, los pequeños fueron visitados por un ángel en tres ocasiones, dos veces en la cueva Loca do Cabeço, en Valinhos, y  otra en el Pozo del Arneiro, en casa de Lucia, en Aljustre. Esta presencia angélica los enseñó a rezar por los pecadores y hasta recibieron el cuerpo de Cristo, como en la santa eucaristía, y así prepararlos para lo que sería la manifestación de María Santísima ante ellos, un año después.
Se cuenta que “el domingo 13 de mayo de 1917, los tres niños fueron a pastorear sus ovejas  a Cova da Iria.

Lucía describió haber visto, sobre una encina  a una mujer ‘más brillante que el sol’, vestida de blanco, con un manto con bordes dorados y con un rosario en las manos, que les pidió que retornaran el mismo día y a la misma hora durante cinco meses consecutivos, encomendándoles el rezo del rosario”.

Los pequeños comunicaron este inexplicable acontecimiento a sus padres y a los habitantes del pueblo, quienes entre algunos incrédulos luego los acompañaron los días 13 de junio, 13 de julio, 13 de agosto, 13 de septiembre y 13 de octubre. Siendo  este último día cuando los presentes en el lugar presenciaron el llamado ‘milagro del sol’, atribuida a la Virgen que hizo danzar al sol.

En sus apariciones Fátima dio mensajes secretos a Lucia, con componentes proféticos y escatológicos, como fue el anuncio de la muerte prematura de Jacinto y Francisca, una posible nueva guerra mundial (se confirmó con la Segunda Guerra Mundial),  la conversión de la Rusia soviética, y el intento de asesinato del papa Juan Pablo II, que se cumplieron.

Lucía se haría religiosa después y viviría 95 años, pues murió en 2005.
El párroco José Alexis Dávila, de la diócesis de Cabimas, formó hace más de 30 años la organización Compañeros de Camino, dedicada a la peregrinación hacia sitios santos, siendo Fátima uno de los lugares más visitados.

En su experiencia declaró a PANORAMA: “He tenido la oportunidad de visitar en numerosas ocasiones el San tuario. La primera vez lo hice mientras estudiaba en Salamanca-España en los años 90. Unos cinco sacerdotes tomamos el tren y luego de una noche de viaje llegamos a este maravilloso lugar.

Recorrimos Ajustrel, el lugar donde vivían aquellos tres pastorcitos. Nos dirigimos a las casas de cada uno de ellos. Tuvimos la oportunidad de conocer a un sobrino de Francisco, quien nos narraba que aquel niño no hacia otra cosa que rezar y rezar el rosario, ya que la Virgen le había dicho que para entrar en el cielo debía rezar muchos rosarios. Luego conocimos a una prima de Lucia, quien estaba encargada de dar a los peregrinos un poco de agua del pozo de la pequeña aldea (pues allí también tuvo una aparición la Virgen).

Ya en Cova de Iria,  una capilla sencilla indica el lugar de las Apariciones. Allí se reza el rosario cada día en diferentes idiomas, luego la Santa Misa y la procesión de las antorchas. A mano derecha se encuentra la gran Basílica de Nuestra Señora de Fátima, allí reposan los restos de los tres pastorcitos, narró.

El ambiente de oración y sencillez hace que se perciba la presencia de la Virgen. “Quedé tan impactado por la sobriedad y espiritualidad que le hice una petición a la Virgen. Le dije: ‘Deme la gracia de poder traer de Venezuela algunos peregrinos para que vean y sientan el amor divino de una Madre’. Efectivamente, ella me la concedió, pues pocos años después, organicé una visita con peregrinos de Maracaibo, Cabimas, Mérida, Ojeda y Costa Rica. Hasta hoy, he visitado con peregrinos de Venezuela, Italia, Estados Unidos, Costa Rica y Colombia muchas veces”.

Beatriz Ruiz, una de las peregrinas venezolanas, recuerda que en el sitio se encuentra un módulo de hormigón del muro de Berlín que recuerda la intervención de Dios, prometida en Fátima, en la caída del comunismo. A la que se une, en la actualidad, parte del Muro de Berlín, que fue derribado en 1989. Tiene un gran significado, porque la Virgen lo predijo y así se cumplió.

Desde Fátima se invita al mundo cada día a la oración del rosario.

 

 

 

 

 

Fuente: panorama.com.ve

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